La amplia superioridad de César y Juan Carlos Rojas levanta interrogantes de todo tipo entre el gremio de los amantes del deporte de los pedales. Las dudas entorno a algo o alguien son sanas, siempre y cuando tengan algún asidero para que existan y no sean simples chismes de esquina de barrio.

Los hermanos Rojas , que coleccionaron títulos y rompieron marcas en la edición 50 de la Vuelta tica, sufren ataques frontales y a sus espaldas por unos y otros que entre dientes dialogan de la posibilidad de que sustancias dopantes sean las que justifiquen tan abrumadora superioridad.

Ver a los Rojas subir fué impresionante. Parecía que en vez de bicicleta viajaban en una moto.
Observar en la última etapa ( Circuito Presidente) a Juan Carlos Rojas atacar en la última vuelta y como iba dejando botados uno a uno a sus colegas es inolvidable.

A mí se me quedaron grabadas las palabras de algunos personajes del ciclismo nacional, como las del hoy técnico José Adrian Bonilla quien afirmó que » la Vuelta se hacía pequeña para los Rojas» y otros manifestaban que los hermanos tenían otro nivel.

Yo creo que se debe ser respetuoso con el cuatro veces campeón de la Vuelta y su hermano. Si bien es cierto es sorprendente la superioridad de ellos con respecto al pelotón de ciclistas aún no se les a probado nada a los Rojas y como dice aquel principio legal: se es inocente hasta que se pruebe lo contrario y por tanto César y sobretodo Juan Carlos merecen el aplauso.

Los 17 años de carrera de Juan Carlos y sus múltiples triunfos también dejan ver que lo respalda una sólida trayectoria, lo demás se lo dejamos a los controles que ya tiene determinados la organización de la Vuelta. Pero no se vale ser verdugos cuando ni siquiera hay delito.