Por largos años los libros y televisión nos han enseñado que en cada historia están los personajes buenos, nobles, leales y de valores por imitar que por lo general son dañados por aquellos otros de características ruines, viles, doble cara, serrucha pisos y despiadados, entre más se dé esta coyuntura por lo general mejor es la trama.

Pero en esta historia no existen tales, todos tienen de “santos” como de “diablillos” en la misma dosis con la enorme diferencia de que esta logró mezclar, pasiones, oportunismos, gloria, y todo un país que sigue viviendo aquella gloria inmensa ante Uruguay, Italia, Inglaterra, Grecia y Holanda.

Esta novela tiene tantos puntos de quiebre que perfectamente podría llegar a la pantalla chica (luego del éxito de la película Italia 90) y convertirse en una pepita de oro para la televisora que lo produzca, su título es sencillo y se llama “Brasil 2014, la traición perfecta”.

Sus actores principales, “Jorge Luis Pinto” como el estratega querido por todo un pueblo, “24 Jugadores” que se ganaron el apodo de guerreros, “Eduardo Li” Presidente de la Federación y “Paulo César Wanchope” como el malo serrucha pisos. En esta novela también habría dos actores secundarios que conforme avanzan los capítulos toman más importancia, ellos son el silencio y la poca diplomacia.

Es lamentable que la página más hermosa en la historia de nuestro fútbol se vea manchada y ensangrentada por una mala forma de manejar lo que se sabía que iba a pasar, Pinto era insostenible pero no por lo económico, no por los dólares, eso era una cortina de humo.

Luego de conversar con varias fuentes internas, algunos jugadores que estuvieron en el proceso, escuchar las declaraciones de los capitanes y otros allegados, el personaje de Pinto no era lo “santo” que todos creían,tomando más sentido el por qué en cada imagen de nuestros goles en la cita mundialista se veía a Jorge Luis saltando solo de alegría, repito, solo.

Aquí un poquito de lo que no se ha dicho debido al silencio que ha imperado en esta historia, de momento…

Irrespetos y hasta denigrar a varios personeros federativos, entrar casi a los golpes con algunos futbolistas no por razones futbolísticas, entrar en conflicto con su amigo de más de 20 años (Perozzo), parar entrenamientos para atender a la prensa colombiana, solo por nombrar algunas casusas hacían que el mejor estratega en la historia de nuestra selección no se pudiera mantener en el banquillo.

¡Ojo! Que este personaje central también nos volvió a enseñar que nos cuesta mucho la disciplina, que a veces el manejo informativo entre Federación y aficionados no es la mejor. Pinto nos enseñó a ser ganadores, nos puso en lo más alto del orbe, cantó el himno nacional como un tico más, lloró como cualquiera en sus casas o en la rotonda de la hispanidad, demostró que es uno de los mejores estrategas del mundo y que el tico con trabajo puede llegar a donde quiera. El famoso “Pinto con huevos” se ganó con creces el cariño de todos los ticos. Jorge Luis tampoco es el “diablillo” que ahora se quiere pintar.

Los jugadores también tienen su mezcla interesante de características, algunas que no se conocían y que poco a poco van saliendo a la luz pública, estos personajes se han ganado con todo el derecho ser llamados “los guerreros” y más aún siendo lo profesional que fueron a pesar de los pesares.

Hartos por el trato de su estratega fuera del ámbito futbolístico demostraron toda su valía y experiencia que han ganado en el viejo continente (la mayoría), hicieron un pacto de jugadores y jamás se refirieron a las barbaridades dictatoriales del d.t., aquellas como llegar con un foco en la mano a las habitaciones de estos buscando mujeres y alcohol. Insultar, insultar e insultar hasta más no poder; los jugadores pactaron no hablar del tema porque Brasil no era ese momento, Brasil era SU momento de hacer historia y no lo iban a arruinar. (Cabe destacar que muchas de estas cosas iniciaron desde antes de su partida a tierra de samba).

En esta novela algunos les recriminan a estos personajes céntricos no haber salido a la luz pública y ventilar estos asuntos, pero con inteligencia emocional y gran profesionalismo no lo hicieron para no despedazar al hombre del momento.

Eduardo Li, este actor no escapa. Criticado por muchas malas decisiones en el pasado con las selecciones menores, su comisión de selecciones nacionales entre otros, pero que en este particular de la mayor tuvo enormes aciertos como aguantar bala, poner el pecho ante la adversidad y dejar a Pinto aunque por muchísimos meses un enorme sector de la prensa querían al colombiano con sus maletas listas; que pensará Li en estos momentos acordándose de aquellas reuniones con directores de medios donde ponía su cabeza por delante del estratega para cuidarlo… tremenda sorpresa se llevaría meses después.

Este personaje no es para nada un “santo” pero tampoco es el “diablillo” que se pinta, incluso realizó un “pacto de caballeros” con Pinto para que nadie a la luz pública se diera cuenta de sus enormes manchas negras, pero aquí, la poca diplomacia y la enorme astucia del colombiano para aprovecharse del momento le propinaron un golpe bajo casi de knock-out, Pinto usó su arma mortal que es el verbo y dejó atónitos a los conocedores de estas situaciones y puso a 4,5 millones y medio en contra de quienes le habían tapado sus intransigencias. Aquí es donde la poca diplomacia sale a flote y hiere en lo más profundo a alguien hasta el momento impensado.

El último personaje que se convirtió en un “chivo expiatorio” sería Paulo Cesar Wanchope, aquel que Pinto mismo lo había elegido como su contacto con los jugadores, aquel que en varias ocasiones frenó a jugadores para que no fueran a enfrentarse con el técnico, aquel que junto con Marín eran los principales compensadores para mantener el frágil Status quo que por meses logró la nacional.

Ahora quien hasta hace 24 horas tenía su carrera y nombre intachable, hoy tiene que tener cuidado por amenazas, algo que no puede ser posible. Aunque recuerden en esta historia nadie es bueno o malo porque todos tienen su cuota.

Esta novela tendrá varios capítulos más, y como buen espectador yo solo digo lo que sé y he investigado sobre esta figura literaria, figura que apasiona, figura que está llena de espejismos y que la mayoría de sus actores deberían decir toda la verdad y no guardar lo que se sabe, porque el que calla otorga y hasta el momento el único que no cerró su verbo es el gran ganador.

Este análisis es para que usted tenga una visión más amplia y tenga su propio criterio; pero cuidado, es extraño escuchar a jugadores, directivos, cuerpo técnico (excepto Pinto) y prensa en general tener una postura tan uniforme.

Y como dice mi santa madre, si yo tengo problemas con el albañil, con mi compañero de trabajo, con mi jefe, con mi pareja, con mi amigo, con el vecino, con el cobrador, y hasta con mi perro, el del problema soy “yo”.