Quiero iniciar siendo justo, ustedes señores presidentes Raúl Pinto, Juan Carlos Rojas y David Patey no son los culpables de iniciar este problema, ya que es algo heredado, pero si son los responsables de que la verdadera afición sufra las atrocidades de un grupito de gamberros que ustedes no han tenido las hormonas y voluntad para hacerlos sacados de los estadios.

Y aquí doces, ultras y garreros no se cobijen ni escondan la mano diciendo que esto es culpa de solo una barra u otra, es de todos, podría mencionar cientos de historias y casos que los verdaderos aficionados al fútbol, periodistas y personas honradas han vivido y han contado, pero en esta redacción voy a tirar a todas estas barras con historias que no me han contado, sino que las he visto y vivido.

Inicio alfabéticamente y no en orden de mayor o menor culpabilidad (para que no empiecen con la “sapri-prensa” o “liga-prensa”), la “doce”.

Solo hay que vivir en el centro de Alajuela para ver lo que sucede, grupos de gamberros que deciden asaltar en la calle a cualquier aficionado solo porque viste una camisa de un equipo extranjero, pero vallamos más a fondo, directamente en eso que este grupo de vándalos llama “Catedral del fútbol” o se les ha olvidado que el 27 de noviembre del 2007 se tiraron a la cancha en medio juego, tiraron basureros, lanzaron piedras contra los mismos directivos y personeros de la Liga. Señoras y Señores eso no es ser aficionado.

 

La “garra”, ese pequeño pero delictivo grupo florense, que en más de una vez a correteado a padres de familia con sus hijos solo porque tienen una camiseta de un color distinto a lo que ellos llevan en el hígado (porque ellos no tienen corazón), o lo sucedido en San Carlos el 26 de septiembre del 2010 cuando un grupo de más de 20 personas de esta mal llamada barra, tiro basureros a la cancha y la emprendió contra un pequeño grupo de 5 o 6 aficionados norteños, eso en mi barrio se llama cobardía (no sé como le dicen en el suyo)

 

O la Ultra donde me ha tocado ver como luego de un clásico en el Ricardo Saprissa 4 ultras apuñalearon a un pobre joven de no menos de 19 años solo para quitarle la camiseta, o peleándose entre ellos mismos el 25 de agosto del 2012 donde incluso entre las mismas peñas de este grupo se tiraron piedras desde la gradería sur del Ricardo hasta la calle.

 

Y no sigo nombrando la muerte de un aficionado de la garra a manos de un lajazo tirado por un 12, la casa baleada de un dirigente de esta barra brava alajuelense a manos de un grupo de la ultra, o los perfiles de facebook donde salen amenazando a muerte a otros rivales mostrando sus armas de grueso calibre, o cómo los garreros dejaron inconscientes a varios miembros de la ultra en el torneo anterior… Porque me cansaría

Pero desde hace años esto ya no es un problema entre barras, ahora la afición decente y honrada sale afectada y la razón del por qué esto sucede es muy sencillo (aquí es donde Pinto, Rojas y Patey tienen la culpa) porque los mismos presidentes no les importa.

Estos personajes influyentes e importantes del fútbol quieren más a un grupo de 400 personas por encima de los miles de aficionados que aman ir al estadio, prefieren a sus “barras” que solo les dejan destrozos y afean su producto futbolístico, por encima de quienes tienen que hacer fila para pagar sus entradas, porque estos presidentes prefieren a esos que con cánticos ofensivos y con sus bengalas que dañan su infraestructura y que son premiados guardándoles espacio en las graderías por encima de la familia que quiere disfrutar de un espectáculo al lado de sus seres queridos.

Pero eso no es todo, la doble moral que manejan es lo más lamentable, mientras el aficionado tiene que cuidarse que no lo asalten para apoyar a su equipo, estos presidentes ayudan a estos grupitos que más que barras están cerca de ser “mareros”.

Mientras en Alajuelense se hacen de la vista de gorda de cómo le pagan viajes al extranjero a uno o dos líderes de sus barras cuando sus respectivos equipos juegan afuera, el aficionado sufre en las cercanías de calle ancha porque “si no me regala una monedita para entrar, va a pagar”

En Saprissa su presidente dice no apoyar a la “ultra” pero en varios juegos le guarda sus tambores e instrumentos dentro del reducto, mientras la pobre “abuelita morada” no puede entrar con su sombrilla porque es un “objeto” peligroso.

O en Heredia que luego de una lucha constante de aficionados, dirigencia y gobierno se llega al acuerdo que las barras rivales no entran a los estadios, pero gracias a su compadrazgo deje que la Ultra entre al Rosabal, mientras el pobre niño florense tiene que salir 10 minutos antes de que termine el juego por miedo a lo que suceda al final.

Ellos son los verdaderos culpables de que esto no haya terminado.

Pinto, Rojas, Patey ustedes tienen el poder para terminar esto, es hora de demostrar que les importa los miles de seguidores y no unos pinches 500 delincuentes.

Sé que en estas mal llamadas barras tienen personas decentes y que no infringen la ley pero es hora de que lo demuestren saliéndose de las mismas porque hace tanto mal el que peca como el que deja hacer.

Aficionado demuestre su enojo con inteligencia y proteste de la mejor forma que puede hacerlo, denuncie y no vaya al estadio, demuéstrele a las directivas que ya es hora de que se fijen en la enorme mayoría y no en unos cuantos.

Señores periodistas quitémonos el miedo y digamos las cosas como son, porque el fútbol nos da de comer, pero estamos a punto de perderlo.

Yo ya me harté de ver el deporte que amo manchado por una ínfima minoría, yo ya me cansé ¿ y usted ?